miércoles, 5 de marzo de 2008

La caída de un grande y la decepción en Nervión

Apasionante jornada la que nos deparó ayer la Liga de Campeones: Manchester, Arsenal, Barcelona y Fenerbahçe obtuvieron su clasificación a costa, respectivamente, de Olympique Lyon, Milan, Celtic y Sevilla.

Tras el empate a 0 de la ida en el Emirates Stadium, se enfrentaban en San Siro Milan y Arsenal en busca de una de las plazas para cuartos. Y un planteamiento magistral de Wenger dejó fuera a los milanistas: el Arsenal aguantó muy bien plantado las escasas acometidas italianas para acabar sentenciando en los minutos finales con goles de Cesc (inconmensurable su partido) y de Adebayor (tras jugada de Walcott, cuya velocidad destrozó a veterana defensa italiana). De hecho, los ingleses debieron sentenciar mucho antes.

Pero, al margen del excelente partido (y eliminatoria) del Arsenal, esta eliminación del Milán tiene mucho significado, no es una eliminación más. Es el final de una generación, es el final de un ciclo. El Milan es un equipo que, en los últimos años, ha condicionado su temporada a "su" competición, a la Champions. Ha "malvivido" en su Liga, peleando apenas por quedar cuarto y obtener plaza Champions y ha alcanzado sus mejores prestaciones cuando llegaban las fases decisivas de la máxima competición continental.

Pero esto acabó ayer. El Milan necesita una profunda renovación. Una renovación que no será un "partir desde cero". Ya quisiéramos muchos "partir desde cero" con Kaká y Pato. Pero para la defensa (con la excepción de Nesta) y gran parte del centro del campo ya han pasado sus mejores años. El gran Paolo Maldini se quedará con "sólo" cinco Copas de Europa.

Y en Sevilla, la gran decepción. Un equipo marcado por la desgracia y los cambios esta temporada que buscaba seguir codeándose con los grandes de Europa, tal y como había hecho los dos últimos años, pero esta vez, con mucho más mérito: en la Champions. Una derrota (que nunca debió producirse) por tres a dos en Turquía en el partido de ida. Un ambiente de gala en el Pizjuán. El Arrebato cantando en directo el himno del centenario sevillista sobre el terreno de juego en los prolegómenos ("... Es por eso que hoy vengo a verte, sevillista seré hasta la muerte, la Giralda presume orgullosa de ver al Sevilla en el Sánchez Pizjuán ...": Ni soy sevillista ni estaba allí pero se me puso la carne de gallina). Dos goles en los primeros diez minutos. Y un tercero como respuesta al primero de los turcos.

Pero no pudo ser. Me da la impresión de que el Sevilla se confió, que no fue del todo bueno marcar dos goles tan pronto y que, con el 2 a 0 y con el 3 a 1, vieron todo hecho. Y se llegó a la prórroga y las piernas ya no daban más de sí. Y se llegó a los penaltys. Y en ellos, el portero turco que se había "comido" dos de los goles del Sevilla durante el partido, paró tres. Y ahí murió la ilusión del sevillismo.

Dicen que los grandes equipos se hacen en las derrotas. Y la de ayer, tras haber ganado dos Copas de la UEFA consecutivas, ha debido ser dura. Muy dura.

1 comentario:

Juan José Mateo Socorro dijo...

Este año la Champions se irá a la Premier, es aplastante el dominio inglés.