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martes, 3 de marzo de 2009

El soprendente caso del fútbol español

Corría el año 2.006: en el mes de mayo, el Barcelona se proclamaba campeón de Europa tras vencer en la final al Arsenal y el Sevilla conquistaba el título de la Copa de la UEFA tras pasar por encima de otro equipo inglés, el Middlesborough. Ese mismo verano, la selección española de Luis Aragonés añadía una nueva muesca en su serie histórica de fracasos en grandes competiciones al caer en los octavos de final el mundial de Alemania ante la Francia de Zidane.

Dos años despuñes, este pasado verano, España se proclamaba campeona de Europa de selecciones nacionales haciendo un fútbol que maravilló al resto de Europa. Pero no fue sólo ese campeonato: España ya venía avisando meses antes de lo que era capaz y sólo el temor a nuestro tradicional miedo escénico ante una gran competición evitaba que echásemos las campanas al vuelo. La Eurocopa sólo fue la confirmación "con luz y taquígrafos" de lo que todos sospechábamos: de medio campo para adelante, España tiene, hoy por hoy, el mejor equipo de Europa. Y este dominio y este gusto por el buen juego no se quedó en Austria y Suiza: el juego de España sigue seduciendo a cualquier afinionado al fúbtol y obteniendo fantásticos resultados.

Y en esta situación de nuestra selección, en el punto más alto de su historia, coincide con uno de los momentos más bajos del fútbol español a nivel de clubes en Europa. En Liga de Campeones, si bien nuestros cuatro representantes se clasificaron para octavos de final, tres de ellos (Real Madrid, Atlético de Madrid y Villareal) empataron en casa el partido de ida teniendo cuesta arriba la vuelta a domicilio. Sólo el Barcelona, que sacó un empate en Lyon, parece tener asequible su pase.

Y en la Copa de la UEFA, la historia es aún más sangrante: con la eliminación de Valencia y Deportivo la semana pasada, el fútbol español no tendrá representantes en octavos de esta competición por primera vez en 14 años.

Cuando menos, sorprendente.

miércoles, 9 de abril de 2008

Fútbol en estado puro

Impresionante el partido disputado anoche entre Liverpool y Arsenal en Anfield Road. Para ponernos en antecedentes, decir que era la vuelta de los cuartos de final de la Champions y que el partido de ida, disputado en el Emirates Stadium del Arsenal, había concluido con empate a 1.


Se enfrentaban dos estilos diferentes: el del juego de toque y combinación, bonito y preciosista, no exento de efectividad del Arsenal y el de la presión, la marca y la salida rápida del Liverpool. Vistas las características de ambos y que el 0 a 0 favorecía a los reds, uno pensaba que o bien el Liverpool conseguía amarrar el empate inicial y el partido era un tostón o el Arsenal marcaba con lo cual tenía grandes posibilidades de pasar la eliminatoria. Pues ni lo uno ni lo otro.

Marcó el Arsenal relativamente pronto y uno pensó que lo tenía todo de cara para pasar a semifinales. Pero empató el Liverpool en un gran cabezazo de Hyypia y el partido entró en una fase de equilibrio en la que daba la sensación de que sólo un destello de clase podía "librarnos" de la prórroga. Y llegó el destello, vaya que si llegó: un balón que recibe de espaldas en el área Fernando Torres, se da la vuelta rodeado de defensas y clava un zapatazo tremendo en la escuadra izquierda de Almunia. Y lleva 29 este año. Hay que ver lo "limitado" que era este chico.

Y parecía que el orden defensivo del Liverpool haría el resto. Pero apareció Theo Walcott. ¿Porqué no salió antes? De hecho, ¿porqué no juega más? Decía que apareció Walcott para hacer una jugada magistral, de las que se ven una cada mucho tiempo, y permitir a Adebayor empatar la contienda y poner por delante, por aquello del valor doble de los goles en campo contrario, al equipo londinense en la eliminatoria.

Y entonces parecía que todo estaba de cara para el Arsenal. Pero apenas un minuto después una internada de Babel acabó con un penalty cometido por Kolo Touré que a uno le pareció muy claro en directo pero que la prensa inglesa (y algunas otras crónicas) tachan de "controversial". Y como en ese punto coincide la mayoría, pues uno se equivoca. Y Gerrard fue a por la pelota. Y en ese lanzamiento estaba gran parte de la eliminatoria. Si marcaba era muy probable que el Arsenal ya no tuviera fuerzas para remontar una vez más. Si fallaba, el resultado en contra y el mazazo moral que hubiese supuesto, hubieran sido dos losas muy difíciles de levantar para los reds. Y marcó. Y marcó como marcan los grandes. Por la escuadra, con una seguridad pasmosa cuando te juegas pasar a las semifinales de la Champions.

El cuarto gol del Liverpool, marcado por Babel en una contra con el Arsenal ya volcado fue el colofón a un gran partido de fútbol, a un encuentro lleno de fuerza, intensidad, lucha, nobleza y, porqué no decirlo, de grandes destellos de calidad. Un tipo de partido que, por muchas razones, es complicado que veamos en España

miércoles, 12 de marzo de 2008

Reflexiones sobre la Champions

Otro gran gol de Fernando Torres ("ese chico tan limitado"), esta vez en San Siro, sentenció la clasificación del Liverpool para los cuartos de la Champions y el enésimo fracaso de Moratti en el asalto a su gran sueño, la Copa de Europa. Y este gol, unido a los resultados producidos la semana pasada tiene, para el que esto escribe, numerosas lecturas:

Lectura nº 1: ¿Ganará algún día Moratti la Champions con su Inter?

Lectura nº 2: Para todos aquellos que decían, entre otras lindezas, que Fernando Torres nunca aparecía en los partidos importantes (salvo ante el Barcelona), sería necesario destacar que este año, en su debut en Champions, ha marcado en Anfield ante el Oporto, en el Velodrome de Marsella ante el Olympique y en San Siro ante el Inter, todos ellos partidos decisivos.

Lectura nº 3: Parece que asistimos a un notable dominio del fútbol inglés en Europa. Hace algo menos de un año, con motivo de la clasificación de tres ingleses para las semifinales de la Champions, ya escribí sobre el particular. Este año, cuatro de los ocho cuartofinalistas son ingleses, Arsenal, Chelsea, Liverpool y Manchester. Les acompañan Barcelona, Fenerbahçe, Schalke 04 y Roma. Sorprende, además, que sólo haya un equipo de España y de Italia, tradicionales dominadores de esta competición.

Lectura nº 4: Relacionada con el punto anterior, las eliminaciones de Madrid y Sevilla en octavos, la del Valencia en la primera fase unidas a no muy destacadas actuaciones de los nuestros en los últimos años (salvo el título del Barcelona en 2.006) nos van a acabar pasando factura. Y es que, de seguir esto así, vamos a perder una de las cuatro plazas que nos dan acceso a la Champions en nuestro campeonato liguero. Y eso, dejando a un lado las conocidas (y no por ello criticables) rivalidades "fraternales" en el fútbol patrio, es malo para nuestro fútbol. Muy malo.

Hace un año escribí sobre: El drama de marcar en el primer minuto

miércoles, 5 de marzo de 2008

La caída de un grande y la decepción en Nervión

Apasionante jornada la que nos deparó ayer la Liga de Campeones: Manchester, Arsenal, Barcelona y Fenerbahçe obtuvieron su clasificación a costa, respectivamente, de Olympique Lyon, Milan, Celtic y Sevilla.

Tras el empate a 0 de la ida en el Emirates Stadium, se enfrentaban en San Siro Milan y Arsenal en busca de una de las plazas para cuartos. Y un planteamiento magistral de Wenger dejó fuera a los milanistas: el Arsenal aguantó muy bien plantado las escasas acometidas italianas para acabar sentenciando en los minutos finales con goles de Cesc (inconmensurable su partido) y de Adebayor (tras jugada de Walcott, cuya velocidad destrozó a veterana defensa italiana). De hecho, los ingleses debieron sentenciar mucho antes.

Pero, al margen del excelente partido (y eliminatoria) del Arsenal, esta eliminación del Milán tiene mucho significado, no es una eliminación más. Es el final de una generación, es el final de un ciclo. El Milan es un equipo que, en los últimos años, ha condicionado su temporada a "su" competición, a la Champions. Ha "malvivido" en su Liga, peleando apenas por quedar cuarto y obtener plaza Champions y ha alcanzado sus mejores prestaciones cuando llegaban las fases decisivas de la máxima competición continental.

Pero esto acabó ayer. El Milan necesita una profunda renovación. Una renovación que no será un "partir desde cero". Ya quisiéramos muchos "partir desde cero" con Kaká y Pato. Pero para la defensa (con la excepción de Nesta) y gran parte del centro del campo ya han pasado sus mejores años. El gran Paolo Maldini se quedará con "sólo" cinco Copas de Europa.

Y en Sevilla, la gran decepción. Un equipo marcado por la desgracia y los cambios esta temporada que buscaba seguir codeándose con los grandes de Europa, tal y como había hecho los dos últimos años, pero esta vez, con mucho más mérito: en la Champions. Una derrota (que nunca debió producirse) por tres a dos en Turquía en el partido de ida. Un ambiente de gala en el Pizjuán. El Arrebato cantando en directo el himno del centenario sevillista sobre el terreno de juego en los prolegómenos ("... Es por eso que hoy vengo a verte, sevillista seré hasta la muerte, la Giralda presume orgullosa de ver al Sevilla en el Sánchez Pizjuán ...": Ni soy sevillista ni estaba allí pero se me puso la carne de gallina). Dos goles en los primeros diez minutos. Y un tercero como respuesta al primero de los turcos.

Pero no pudo ser. Me da la impresión de que el Sevilla se confió, que no fue del todo bueno marcar dos goles tan pronto y que, con el 2 a 0 y con el 3 a 1, vieron todo hecho. Y se llegó a la prórroga y las piernas ya no daban más de sí. Y se llegó a los penaltys. Y en ellos, el portero turco que se había "comido" dos de los goles del Sevilla durante el partido, paró tres. Y ahí murió la ilusión del sevillismo.

Dicen que los grandes equipos se hacen en las derrotas. Y la de ayer, tras haber ganado dos Copas de la UEFA consecutivas, ha debido ser dura. Muy dura.