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lunes, 29 de octubre de 2007

Nervión, punto de (des)encuentro

Se enfrentaban ayer por la noche, en el partido que cerraba la 9ª jornada de Liga, Sevilla y Valencia en el Sánchez Pizjuán. Y lo hacían en un encuentro marcado por ciertos condicionantes que iban más allá de lo estrictamente deportivo y que se personalizaban en los ocupantes de los dos banquillos: el sevillista, ocupado ya por Manolo Jiménez, tras la marcha de Juande Ramos, y el valencianista, ocupado, por última vez, por Quique Flores.

En Sevilla, las aguas bajaban revueltas hace meses y ni siquiera los títulos habían logrado suavizar las relaciones (posiblemente, las hayan enrarecido más) entre el presidente (del Nido), el director deportivo (Monchi) y el entrenador (Juande Ramos). La no renovación del contrato de Juande con el Sevilla, los desencuentros públicos entre presidente y entrenador y los numerosos rumores de extraordinarias ofertas (Tottenham a principio de temporada, Chelsea tras el cese de Mourinho, incluso, la selección nacional) hacían prever que la vinculación de Juande con el Sevilla tenía fecha de caducidad: junio de 2.008. Pero, como cabía sospechar, la derrota del Tottenham ante el Getafe en UEFA precipitó los acontecimientos y Juande marcha camino de White Hart Lane. Y yo me pregunto: dado que la decisión parecía tomada, ¿no hubiese sido más oportuno hacerlo antes de comenzar la temporada?

En Valencia, también había numerosos problemas y el cese de Quique parecía cuestión de semanas. Quique parecía enfrentado con la directiva: su "guerra" con Carboni dejó al italiano "muerto" pero al técnico "herido de muerte". Parecía enfrentado con los jugadores: numerosos pesos pesados del vestuario reclamaban más diálogo. Parecía enfrentada con la afición que le exigía ganar, golear y jugar bien; algo, por otra parte, muy propio de la afición del Valencia (algún día escribiré un post sobre esto). Y parecía enfrentado consigo mismo: como decía Ángel Torres, "nunca se reía y parecía siempre enfrentado con el mundo".

En Sevilla, ayer, terminó una historia, la de Quique en el Valencia, y comenzó otra, la de Manolo Jiménez en el Sevilla. Nervión, punto de (des)encuentro.